DGT = ¿DIRECCIÓN GENERAL DE QUÉ...?

Por ANDRES RUIZ Ingeniero técnico de Tráfico (Obras públicas).

Quizá debiéramos analizar qué es y a qué se dedica la DGT...

A veces dudo si DGT será el acrónimo de Dirección General de Teatro o de Dirección General de Tremendismo. Concretamente, cuando al Organismo de marras le da por montar escenas simulando accidentes, o agresivos melodramas protagonizados por actores profesionales o por amateurs accidentados, como hizo en junio al enriquecer su campaña de control de alcoholemia con charlas de lesionados medulares (un ideón que en el futuro revisaré buscando el máximo aprovechamiento de su potencial).

Pero no, enseguida colijo que eso no puede ser, así que me pregunto qué debería hacer una Dirección General de Tráfico para merecer -a mi juicio- tal denominación, y la respuesta es: Dedicar sus medios y esfuerzos a procurar seguridad y fluidez, es decir, a mejorar el tráfico. ¡Nada menos!

Seguidamente pienso qué cosas -aparte de las citadas al principio, y también a mi juicio- suele hacer nuestra DGT, para ver si van en esa línea, y a bote pronto se me ocurren quince. A saber:

1. - Intentar -y en demasiados casos, lograr- convencer de que restringiendo cada vez más, cebándose con la velocidad y poniendo radares, culpándonos de los accidentes, y diciendo que "no pueden conducir por nosotros", ya están hechos sus deberes.

2. - Divulgar las cifras de muertos, heridos graves y accidentes con víctimas, de findes y periodos señalados -cual si a diario no pasase nada o esas víctimas fueran menos importantes-, sin resaltar debidamente que el número de accidentes es más significativo que el de víctimas (una sola colisión entre dos buses bien aprovechados puede causar más víctimas que cincuenta colisiones entre turismos con un solo ocupante) y que contar sólo los accidentes con víctimas puede crear una falsa sensación de siniestralidad relativamente baja (¡ojalá sólo hubiese cien accidentes o menos cuando se realizan varios millones de desplazamientos!). Puestos a informar, mejor sería consultar a las aseguradoras cuántos siniestros se producen realmente, porque muchas veces es mera cuestión de suerte que un accidente sea incruento o lesivo.

3. - Decirnos que debemos conducir bien para no perder puntos, como si conducir bien no fuese cuestión de sentido común, amén de una obligación conocida y conveniente para el interés propio y ajeno.

4. - Permitir -cuando no fomentar- que se considere grave y preocupante que al año de implantarse el carné por puntos, muchos conductores no sepan cuántos se pierden por tal o cual infracción, en vez de proclamar que lo realmente grave y preocupante es que pierden puntos muchos conductores. Pues bien: yo, por ejemplo, conduzco bastante, no he memorizado el baremo sancionador ni tengo intención de hacerlo, no uso detector ni avisador de radares, y de momento tengo todos mis puntos. A buen entendedor...

5. - Auspiciar la creencia de que velocidad es sinónimo de peligrosidad, y lentitud -aunque se deba a torpeza- lo es de prudencia, haciendo poco o nada por erradicar estas dos populares expresiones: "Conduce muy bien, pero va como un loco" y "Conduce muy mal, pero al menos va despacio".

6. - Recurrir a algunos medios de comunicación -un método cuyo alcance y eficacia distan de estar asegurados- para dar a conocer reformas y novedades normativas, en vez de emplear una barata y eficaz notificación postal a cada titular de carné de conducir (algún día explicaré por qué creo que actúa así).

7. - Dedicar recursos a recordarnos cosas cuyo obligado conocimiento ya acreditamos quienes tenemos carné de conducir, al superar el examen pertinente. ¿O es que ese examen no garantiza eficazmente la aptitud y preparación de quien lo aprueba...?

8. - Hacer infinitas campañas cuyo invariable mensaje básico es "A ver si esta vez logramos que no te mates", pese a que en el fondo son superfluas, pues nadie normal -ni siquiera los más pirados- conduce con intención de matarse (en un momento dado podremos evaluar mal una situación o nuestro estado, pero no nos accidentamos adrede; y en cuanto a los pocos auténticos insensatos que hay, siempre existirán y es inútil dirigirse a ellos). Mejor que perder tiempo y dinero diciendo "no te mates", sería procurar evitarnos situaciones de riesgo a quienes no deseamos fallecer (por ejemplo, echando una ojeada a las infraestructuras o evitando que lleguen a circular quienes son un peligro, en vez de limitarse a retirar de la circulación sólo a algunos que nunca debieron obtener permiso para hacerlo).

9. - Hacer agresivas campañas que nos niegan la presunción de inocencia, pero sin atreverse a meter el dedo en la llaga hasta el punto de lanzar una que diga: "Si quieres matarte, allá tú, pero no mates a otros".

10. - Plantear con toda naturalidad que como los conductores nos accidentamos por irresponsabilidad, no hay más remedio que reprimirnos indiscriminadamente y castigarnos con severidad cada vez mayor, siguiendo -al menos, yo así lo percibo- un perverso razonamiento muy similar al de muchos maltratadores: "¿Ves lo que has hecho...? ¡Mira lo que me obligas a hacer!"

11. - No mencionar siquiera que por más que se empeñen y nosotros nos esmeremos, siempre habrá accidentes imprevisibles e involuntarios, es decir, inevitables.

12. - No citar ni como posibles causas de accidentes las innumerables deficiencias viales.

13. - No dedicar -¡ni remotamente!- la atención que por su importancia y descontrol requieren peatones, ciclistas y conductores de vehículos atípicos con o sin motor (monopatines, patinetes, tandems paralelos, etc.), como si no formasen parte del tráfico (aunque habitualmente lo parece, no quiero ni pensar que la DGT sólo considere tráfico la circulación de automóviles...)

14. - No hacer lo posible y lo imposible para que todos tengamos desde la infancia, la educación precisa para saber circular por la vida, tanto a pie como sobre ruedas (¿será por lo caro y difícil que es educar a priori, y lo fácil y rentable que resulta reprimir y castigar a posteriori...?).

15. - No asumir jamás responsabilidad alguna.

Por supuesto, al pensar esas cosas me parece trágico lo poco que cada una de ellas contribuye a mejorar el tráfico.

Pero es que, además, una minucia me ha mostrado con lamentable nitidez la magnitud de la tragedia: Recientemente colaboré con AUTOFACIL seleccionando las dudas más recurrentes e interesantes de los lectores, y confeccionando un cuestionario para hacérselas llegar a la DGT con ruego de que las esclareciese por escrito o, mejor aún, personalmente a un redactor. El cuestionario constaba de cuatro temas (circulación en plazas, stop y ceda el paso, guardias dormidos y similares, y limitaciones de velocidad en puntos y tramos concretos) y preguntaba sobre normas de elección, implantación, dimensionamiento, señalización, circulación, etc. La respuesta de la DGT fue el correo electrónico que a continuación trascribo literalmente... y que renuncio a comentar:

Creemos que estas preguntas deben dirigirse a los titulares de las vias. Para la red principal Ministerio de Fomento, para las secundarias las comunidades AUTONOMAS. Estas administraciones son las competentes en todo lo relacionado con las carreteras
GABINETE DE PRENSA
DIRECCIÓN GENERAL DE TRÁFICO

Pues bien: Por todo lo anteriormente expuesto e incluso por otras razones que quizá exponga algún día, propongo considerar que DGT no es el acrónimo de Dirección General de Tráfico, sino de Dirección General de Trágico. Al menos, para entendernos entre nosotros, ¿vale...?

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